Las acciones y los bonos son los cimientos clásicos de una estrategia de inversión patrimonial. Permiten buscar rendimiento, diversificar una cartera y ajustar el nivel de riesgo según el horizonte de inversión. El apoyo de un experto ayuda a construir una asignación coherente entre el potencial de rentabilidad, la volatilidad, la diversificación geográfica y los objetivos patrimoniales. Este enfoque ayuda a evitar elecciones improvisadas y ancla las inversiones en una perspectiva a largo plazo.